~BruceYa no podía controlarme más. La imagen de ella suplicando, completamente sonrojada y chorreando mojada, rompió cualquier resto de moral que me quedaba. La agarré por la cintura, la levanté sin esfuerzo y la estrellé boca abajo sobre mi regazo.Levanté la mano y la bajé con fuerza contra su culo rojo y ardiente.—¡Ah! ¡Papi! —gritó, clavando los dedos en el colchón.Metí la mano debajo de ella, deslicé los dedos entre sus muslos y froté con rudeza su clítoris empapado. Soltó un fuerte jadeo sin aliento, moviendo las caderas instintivamente contra mi mano.—Dios mío, Papi… eso se siente tan bien —gimió. Su voz estaba completamente rota.—Mira lo mojada que estás, gatita —gruñí en su oído, inclinándome para que sintiera el calor de mi aliento—. Te estás poniendo empapada mientras te castigo. Realmente eres una putita, ¿verdad?—Sí, Papi —sollozó, con el cuerpo temblando—. Lo soy.Le azoté el culo otra vez.—¡Ah! ¡Lo siento, Papi! —gimió, girando la cabeza para intentar mirarme—. ¡
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