A la mañana siguiente, Chloe salió del hotel justo después del desayuno. Los gemelos habían insistido en quedarse con Zoe para poder visitar el acuario antes del almuerzo. —¡Quiero ver tiburones! —había anunciado su hijo con orgullo, y —¡Y yo quiero pingüinos! —había protestado su hermana. Zoe rio mientras las tomaba de la mano. —Está bien, está bien, tiburones y pingüinos entonces.Antes de irse, Chloe se agachó frente a ellos. —Pórtense bien.—Lo haremos.—Nada de escaparse de la tía Zoe.Los gemelos asintieron tan rápido que ella sonrió. —Regreso antes del almuerzo.—¿Lo prometes?—Lo prometo.Los besó a ambos antes de irse.---Caleb ya la esperaba cuando llegó al café. Se puso de pie cuando ella entró. —Buenos días.—Buenos días.—Ha pasado mucho tiempo.—Sí.Le sacó una silla. —Me alegra que aceptaras vernos.—A mí también.Tras pedir café, el silencio se instaló entre ellos un momento, ninguno de los dos con prisa por llenarlo. Finalmente, Caleb sonrió. —Te ves bien.—Lo estoy.
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