A la mañana siguiente, Chloe salió del hotel justo después del desayuno. Los gemelos habían insistido en quedarse con Zoe para poder visitar el acuario antes del almuerzo. —¡Quiero ver tiburones! —había anunciado su hijo con orgullo, y —¡Y yo quiero pingüinos! —había protestado su hermana. Zoe rio mientras las tomaba de la mano. —Está bien, está bien, tiburones y pingüinos entonces.
Antes de irse, Chloe se agachó frente a ellos. —Pórtense bien.
—Lo haremos.
—Nada de escaparse de la tía Zoe.
Los