El silencio se alargó unos segundos. Hasta que Dereck, finalmente, cedió. —Está bien… —murmuró—. Pero solo voy a dormir. Mañana estoy aquí temprano. —No hace falta que corras, además ya está amaneciendo, así que —dijo Estela, más suave—. No te apresures y descansa bien. Dereck no respondió; sabí
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