Capítulo 44: Promesas en la OscuridadLauraMe sentía flotar. Mientras me quitaba los pendientes de brillantes frente al espejo de la suite principal, el reflejo que me devolvía la mirada aún parecía el de una extraña, una mujer segura, elegante, que acababa de cautivar a inversores europeos con su desenvoltura, con sus palabras. El calor del vino y el éxito de la noche todavía palpitaban en mis venas, y apenas podía esperar a que Rafael entrara por aquella puerta y me envolviera en sus brazos, celebrando nuestra primera victoria en suelo italiano.Pero, cuando la puerta finalmente se abrió, el aire de la habitación pareció congelarse al instante.Rafael entró, pero no era el hombre que me había besado en el salón minutos antes. Su piel estaba pálida, casi grisácea bajo la luz amarillenta de las lámparas, y tenía la mandíbula tan tensa que podía ver cómo los músculos de su rostro se marcaban. No me miró. Caminó directamente hacia el balcón, con los hombros rígidos, como si cargara sob
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