Capítulo 2JacobJamás había sentido una sensación tan desagradable como esta. Por un segundo, mi corazón se detuvo. Al verla tan quieta, pensé que había muerto. Me incliné sobre ella, conteniendo el aliento, hasta que escuché el latido de su corazón: era firme, aunque lento por el shock, y no era para menos.Por supuesto, no iba a perder tiempo revisando sus heridas en medio del bosque. La cargué y corrí hacia mi cabaña, en la frontera del territorio de la manada.Sentía una furia ciega palpitando bajo mi piel. Esos bastardos no la perseguían para aparearse, como suelen hacer algunos jóvenes estúpidos; la estaban cazando para matarla. A una humana pura. Gruñí de rabia sintiendo cómo mis instintos territoriales reclamaban a la mujer que llevaba en brazos. La cosa más loca: nunca habia sentido semejante cosa por una mujer.Su cabello castaño, enredado con algunas hojas, rozaba mi piel desnuda, y su aroma... Dios, su aroma era dulce, y completamente femenino, no está de más decir que
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