La puerta se cerró después de que Cecilia se marchara. Dejando a Damian completamente solo. Abrió el cajón de su escritorio. La pequeña caja seguía allí. Lentamente, Damian la abrió. Un anillo sencillo, de diseño elegante, brilló bajo la luz de la lámpara. El anillo que debía haber sido entregado a otra mujer. Sus dedos rozaron la fría superficie del metal. —Livia... Su voz apenas fue un susurro. —Lo intenté. Pero, a veces, el esfuerzo por sí solo no basta para retener a alguien. Damian cerró nuevamente la caja y la guardó en lo más profundo del cajón. Como si estuviera enterrando la última parte de sí mismo que aún conservaba esperanza. Permaneció sentado detrás de su escritorio, contemplando el gran ventanal que mostraba el resplandor de la ciudad bajo la lluvia nocturna. Durante años, siempre había creído que todo podía resolverse con lógica, poder y decisiones acertadas. En el mundo de los negocios, no existía problema sin solución. Sin embargo, su rela
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