Me desconozco.Hace meses, ni siquiera habría pensado en prestarle atención, ser amable o iniciar una relación que pudiera considerarse cercana o seria, y ahora me encuentro sacando tiempo para enviar un mensaje. Puedo contar con los dedos de una mano a los chicos con los que salí, todos en mis tiempos de adolescente deseosa de experimentar esas primeras veces.Sin embargo, me encuentro haciendo más que eso, volviendo a esos deseos que, con el paso del tiempo, se habían reprimido. No debería ser tan obstinada, pero parece que me estoy acostumbrando de nuevo a ello.En mi antigua rutina diaria, no solía pensar en nadie que no fuera mi madre o Anna. No había tiempo para chicos, y mucho menos para considerar algo que pudiera volverse serio. Me había consagrado a cuidar de todo lo que significaba responsabilidad, dejando de lado cualquier distracción.No quería distraerme de l
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