El hospital olía a antiséptico y a miedo.Clara estaba sentada en la sala de espera, aséptica, aún con el suéter cubierto de harina de la discusión en la cocina.Steven las había llevado a ambas; a ella y a Freya en un profundo silencio. Nadie habló durante el trayecto.Los únicos sonidos eran la lluvia golpeando las ventanillas del coche y los ocasionales sollozos dramáticos de Freya.Ahora, Freya caminaba de un lado a otro con aire dramático cerca de las máquinas expendedoras, fingiendo ser la hija devastada para cualquiera que la viera. Clara permanecía inmóvil, con las manos fuertemente entrelazadas en el regazo.Steven estaba de pie junto a la ventana, con los brazos cruzados, mirando fijamente la oscuridad del exterior. Tenía la mandíbula tan apretada que temía que se le rompiera. No había mirado a ninguna de las dos hermanas desde que llegaron.Finalmente, un médico salió y se quitó la cofia quirúrgica. «El señor Steel sufrió un infarto masivo. Lo hemos estabilizado por ahora,
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