El chiste vulgar resonó a través del micrófono, y todo el estadio estalló instantáneamente en una explosión de carcajadas ensordecedoras. La tensión que se había estado acumulando en la sala se hizo añicos. Varios Alfas se recostaron en sus asientos, aullando de diversión, mientras que otros incluso se inclinaron hacia adelante, golpeándose las rodillas y sacudiendo la cabeza. Las olas de burla se hicieron cada vez más fuertes, rebotando contra los altos muros de concreto hasta que el ruido se volvió ensordecedor. Abajo, en el escenario, el rostro del presentador se torció en una máscara de pura frustración. Apretó la mandíbula mientras miraba a la multitud burlona, levantando las manos y gritando repetidamente al micrófono, intentando ahogar el ruido. “¡Silencio! ¡Orden, por favor! ¡Silencio!” Antes de que la diversión pudiera empezar a apagarse, otra voz fuerte rugió desde las gradas superiores, cortando el alboroto. “¡Bueno, tal vez debería acostarse con cada mujer de su territori
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