La carcajada de Lucas resonó por toda la estancia, impregnada de una arrogancia insoportable. Sin embargo, no sentí el menor temor, a pesar de estar completamente solo en aquella guarida de fieras.—Aún te doy la oportunidad, Samuel. Libera a Rosalina, y me aseguro personalmente de que no vuelva a molestar a tu familia —dijo con una voz baja y amenazante.Negué lentamente con la cabeza, firme en mi postura. Un hombre tan traicionero como Lucas no merecía ningún crédito.—No, no lo haré, estimado señor Lucas —respondí con determinación.—Muy bien, como quieras —replicó con frialdad. Hizo una seña con la mano para que sus guardias avanzaran y me rodearan.Permanecí sereno, mirando uno a uno a los hombres de Lucas que se acercaban con cautela. En cuanto estuvieron al alcance y listos para reducirme, gir&ea
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