Mundo de ficçãoIniciar sessãoSentía un dolor punzante en la cabeza. Sabía perfectamente que mi medicina más eficaz no era una receta médica, dan mucho menos el alcohol. Mi único bálsamo era el aroma de Emelia. No tenía idea de cuándo me había vuelto tan adicto a ella. Exhalé un suspiro de alivio en cuanto el auto finalmente se detuvo. En cuanto se abrió la portezuela, bajé a paso apresurado; la impaciencia por estrechar a mi esposa entre







