El cuerpo de la Luna temblaba violentamente, sus manos aferraban las del Alfa con tanta fuerza que sus uñas se clavaban en su piel. Cada respiración que tomaba era aguda, entrecortada y temblorosa.Él estaba a su lado, mandíbula tensa, pecho pesado, ojos escudriñando las sombras como si el peligro mismo ya hubiera llegado."No… no deberíamos haber esperado," susurró la Luna, con voz temblorosa. "¿Y si… y si tienen… razón? ¿Si son peligrosos?"Las manos del Alfa se apretaron alrededor de las suyas. "Son nuestros. Eso es todo lo que importa. Los protegemos. Pase lo que pase, los protegemos."Sus ojos se posaron en él, abiertos, llenos de miedo. "Somos enemigos de sangre, no deberíamos habernos mezclado. ¿Qué hemos hecho?"La partera jadeó y se apresuró hacia adelante. Antes de que nadie pudiera hablar, los primeros llantos destrozaron el silencio de la guarida. La partera alzó al primer hijo en el aire, un niño. Pecho diminuto agitándose, piel pálida y cálida, pero vivo.La Luna lo apre
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