Quinientos cincuenta años después…En la cima de la Colina del Primer Suspiro, bajo el Árbol Madre que ya medía más de cien metros de altura, Lira XLIV plantó la última semilla dorada con sus propias manos. No era una semilla cualquiera. Era la que había viajado con ella desde la Tierra, guardada durante generaciones.El viento de Nuevo Amanecer soplaba suave, cargado del aroma dulce de los bosques que ahora cubrían el planeta. Miles de personas observaban en silencio. No era una ceremonia grandiosa. Era un adiós y un hola al mismo tiempo.Lira XLIV se levantó, se limpió las manos de tierra y miró al horizonte donde dos soles se ponían en tonos dorados y violetas.—Hace quinientos cincuenta años —dijo con voz clara que llegó hasta el último rincón—, una mujer sin nombre entró desnuda en una torre y mordió una manzana. No quería poder. Solo quería ser libre. Hoy, esa misma libertad respira en este mundo. Y en los que vendrán.Levantó la mirada al cielo.—Kael, Lira… gracias. Por enseña
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