Isabela terminó las tareas del día con el doble de eficiencia de costumbre. Cuando miró el reloj, ya era hora de salir del trabajo.En cuanto a Catarina y Emerson, no tenía ningún interés en prestarles atención, ni le importaba.En su primer día como directora, había logrado mucho: no solo había establecido su autoridad, sino que también se había ganado la simpatía de dos compañeros.Isabela no pudo resistirse a la tentación de compartir la buena noticia con Killian. Recogió sus cosas, salió del trabajo y fue al jardín de infancia.Esta vez, la niña que seguía a Killian era diferente. Tenía un rostro ovalado, ojos grandes y redondos, y el cabello rizado, natural o con permanente. Era negro azabache y brillante, y era muy guapa para su edad.Killian dio un paso al frente, cogió la bolsa de la mano de Isabela y preguntó:—Tía Isabela, ¿qué te trae a recogerme hoy?Desde que Maison vio a la madre y al hijo en el restaurante, Killian había cambiado la forma de dirigirse a ellos delante de
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