El motor de mi coche rugía contra el asfalto de la autopista nocturna, un sonido que solía sintonizar con la urgencia en mis venas, pero que esa noche solo me causaba una irritación profunda. Había dejado a Alissa en mi casa, sola, esperando por mis explicaciones, mientras yo me hundía cada vez más en este pozo de sombras que llamaba vida. La mujer con la que acababa de estar, mi "solución" a los cobradores de Las Vegas, había sido especialmente exigente, y el rastro de su perfume en mi cuello me resultaba un recordatorio constante de mi propia miseria.Tenía el manos libres activado. Javi estaba al otro lado de la línea, su voz sonando clara y molesta, como un juicio constante a mis decisiones.—Estás cruzando la línea, Miller —decía Javi, con esa calma que solo le otorgaba su posición de espectador—. Te dije que esto era una locura. Estás con la esposa del hombre que te paga, estás metido hasta el cuello en un contrato que involucra un embarazo, y ahora sales de una
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