**Punto de vista de Lucía**El silencio era tan pesado que podía oír la sangre corriendo por mis oídos. Fue un silencio frío y agudo que sentí como una cuchilla en mi garganta. Me quedé allí en la cama, con el pecho todavía agitado y el cuerpo todavía temblando por el clímax. Pero el placer desapareció. Desapareció en el momento en que ese nombre salió de mis labios. Estéfano. Yo lo había dicho. Lo grité. Había dicho el nombre del hombre que amaba mientras el que odiaba estaba entre mis piernas. Raffaele permaneció inmóvil durante un buen rato. Se quedó donde estaba, con la cabeza gacha. Pude ver los músculos de su espalda tensos. Parecía una bomba a punto de estallar. Dejé de respirar mientras miraba al techo, con los ojos muy abiertos y escocidos. Quería retirar la palabra. Quería levantar la mano en el aire y agarrarlo antes de que llegara a sus oídos, pero ya era demasiado tarde. Lentamente, muy lentamente, Raffaele levantó la cabeza. Al principio no parecía enf
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