—¿A mis espaldas? —preguntó él con voz melosa y penetrante.—Sí, a tus espaldas, porque tú callabas, evitabas la verdad. Y mi objetivo no es el dinero, como has decidido creer, en absoluto.«Al menos, no ahora», terminé para mis adentros.—¿Qué te contó?Pero ignoré su pregunta. Continué con lo mío:—Cuando Wacław te disparó, me aterroricé tanto... Pensé que estabas muerto. Intentaba escuchar tu respiración, pero no oía nada, ¿entiendes? Yo... Mis manos estaban ensangrentadas, rojas; te estabas desangrando ante mis ojos y es culpa mía, porque siempre lo estropeo todo. Mi padre me lo decía, pero yo no lo creía —solté rápidamente, las palabras salían de mí como si estuviera en el confesionario ante Dios mismo, buscando desesperadam
Leer más