Limpio hasta el mediodía. Meto la ropa estropeada y los objetos rotos en grandes bolsas de basura y lo llevo todo al contenedor, mirando continuamente a mi alrededor. Dejo la puerta abierta; ¿qué sentido tiene cerrarla si ya han estado dentro de mi casa? Quienquiera que haya sido el del volante, quienquiera que haya entrado en mi apartamento, parece que para ellos no existen obstáculos si deciden encontrarme y destruirme.Al regresar una vez más de la calle, me quedo petrificada ante la puerta abierta de par en par. Vale que no hubiera echado la llave, pero estaba segura de haberla entornado. Lo vivido esta noche me tiene los nervios a flor de piel; de pie en el pasillo, vacilo de un pie a otro, llena de dudas. Es evidente que alguien ha entrado, ¿verdad? Dando un paso al frente, intento asomarme con cautela y, para mi propia sorpresa, veo a Dominik en medio del salón. Mira a su alrededor con una expresión sombría
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