VALENTINA ROSSSu respiración caliente chocaba contra mi rostro, mientras la propuesta de aquella "despedida adecuada" resonaba una y otra vez en mi cabeza. El calor de sus dedos, que aún descansaban peligrosamente sobre mi intimidad a través de la tela de la lencería, me impedía pensar con la más mínima claridad.Libré una rápida y desesperada batalla mental. El deseo ya estaba consumiendo todo mi cuerpo, pero el miedo de destruir mi vida era lo que más pesaba. Y fue entonces cuando la lógica, por más distorsionada que fuera, empezó a apoderarse de mi mente nublada por la excitación.Si me negaba, Domenico no se detendría. Ya lo había demostrado en los últimos dos meses. Seguiría persiguiéndome en el trabajo, inventando reuniones, rodeando los lugares que yo frecuentaba... y, tarde o temprano, descubriría dónde vivo y aparecería ahí. Josh terminaría enterándose. Yo no podía permitir que el buen hombre que amaba saliera lastimado por culpa de esta debilidad mía.Por otro lado, si acep
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