Sus dedos entraron en mi escote.— Me di cuenta de que, más de una vez, el hijo de puta estaba mirando lo que no le pertenecía —sus dedos trazaban suaves círculos entre mis senos, dentro del escote de mi vestido—. Y esto... —Dominic dejó de trazar círculos en mi piel sensible para apretar mis senos con fuerza sobre la tela del vestido y el sostén, haciendo que mi piel hormigueara bajo su tacto—. Me pertenece, Luisa.Antes de que pudiera decir algo, Dominic me liberó de su tacto, dejándome atónita, sin aliento.Sacó mis piernas de encima del sofá para, un segundo después, sentarse sobre él, colocando mis pies sobre su regazo.— ¿Qué tal fue tu día, mi amor? —Dominic me preguntó en un tono más tranquilo, después de un buen rato de silencio.¿De verdad me estaba preguntando eso? ¡Cínico desgraciado! Pero iba a ver una cosa... ¿No quería una respuesta? Pues la recibiría ahora mismo.— El mismo de siempre. Todo normal, ¿sabes? —dije, sarcásticamente, lanzándole una sonrisa bañada en burla—
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