Esa zona verde frente a mí era el lugar que más odiaba en toda la maldita mansión.
Dominic sujetó mi barbilla, obligándome a mirar nuevamente sus ojos esmeralda.
— Intenta no pensar en eso —pidió, dándome una suave sonrisa—. Nunca voy a dejar que te pase algo malo. Voy a protegerte de todo y de todos — menos de mí, mi amor.
Escalofríos recorrieron mi cuerpo. Sentí mi sangre helarse de miedo, pues sabía que Dominic no estaba mintiendo.
Tenía la conciencia de que cumpliría su promesa oscura y me