El automóvil se detuvo frente a la entrada principal de la mansión Morelli. Apenas el motor se apagó, Valeria descendió con rapidez y rodeó el vehículo para ayudar a su madre. Aunque Elena ya había recibido el alta médica, todavía debía evitar esfuerzos.—Con cuidado, mamá.—Hija, si sigues tratándome así, voy a terminar creyendo que soy una anciana —bromeó Elena con una sonrisa.—El médico fue muy claro. Necesitas descansar y dejar que tu cuerpo termine de recuperarse.Elena no discutió. Aceptó el brazo de su hija y juntas caminaron hacia la puerta principal.Antes de que pudieran tocar el timbre, la puerta se abrió.Clara, el ama de llaves, las recibió con la misma serenidad y amabilidad de siempre.—Señora Valeria, bienvenida. Qué alegría volver a verla.Valeria respondió con una cálida sonrisa.—Gracias, Clara.La mujer dirigió entonces su atención a Elena.—Usted debe ser la señora Elena Montes. Es un verdadero gusto conocerla. Espero que se sienta muy cómoda en esta casa.Elena
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