—No podré acompañarte al médico hoy, Theresa —le informó Sandro mientras desayunaban en el comedor a la mañana siguiente.Ella nunca lo habría admitido, pero en realidad había estado contando con tenerlo allí ese día. Estaba en su decimosexta semana de embarazo y le habían programado una amniocentesis preventiva. Debido a su aborto anterior, su médico no quería correr ningún riesgo. Estaba hecha un manojo de nervios por el procedimiento y, aunque sabía que los riesgos de complicaciones eran muy bajos, seguían existiendo.Además, aunque su mente lógica le decía que su bebé estaría bien, seguía temiendo el posible resultado de la prueba. Sandro había sido una roca durante su primera ecografía el mes anterior, sosteniéndole la mano mientras escuchaba por primera vez el sonido sibilante del latido del corazón de su bebé y apretándosela con fuerza cuando vieron el frágil aleteo en el monitor blanco y negro. Todavía era demasiado pronto para saber el sexo del bebé, pero Theresa estaba conve
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