Elena narrandoNueva York estaba fría. Después de semanas en el calor de Brasil, el viento cortante de la ciudad pareció una bofetada en la cara.— Bienvenidos de vuelta — dijo Valentina, bostezando, mientras recogíamos las maletas en la cinta.— Qué frío — se quejó Carli, poniéndose el abrigo que había dejado en la maleta de mano — y que ahora estaba helado.— Deja de quejarte, güevón.— Doña Olivia me dio una receta de sopa de pollo, puedo hacerla para ti cuando llegue a casa — respondió Carli, serio.— ¿Vas a cocinar para mí?— No. Voy a cocinar para mí. Si sobra, comes.Valentina puso los ojos en blanco, pero sonrió.Adrián ya había llamado un coche más grande para llevar a todos. Sofía estaba despierta, lista, mirando todo con esa mirada curiosa.— ¿Recuerdas esto, amor? — pregunté, señalando el techo del aeropuerto —. Vivimos aquí.Ella balbuceó algo parecido a "casa", y casi lloro.En el coche, de camino a casa, todos se quedaron en silencio. Unos durmiendo, otros mirando por l
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