Capítulo 98Stella BlakeUn año después de la segunda boda, la vida finalmente se había convertido en rutina. Y la rutina, después de todo lo que habíamos pasado, era la mayor de las bendiciones.Despertarse, tomar café con Mônica, despertar a Alana, preparar a Sofía, llevar a las dos al colegio y a la guardería, ir a la oficina, trabajar, volver a casa, cenar, acostar a los niños, acostarse, empezar de nuevo. Días iguales. Noches tranquilas. El aburrimiento, que antes me asustaba, ahora era mi mayor consuelo.Sofía cumplió un año. Aprendió a gatear, a ponerse de pie, a llamar a Alana por su nombre. "Lala", decía. Alana se derretía. Celeste también.— ¡DIJO MI NOMBRE! — gritó Alana, la primera vez.— Lo dijo.— ES MUY INTELIGENTE.— Lo es.— IGUAL QUE YO.— Más o menos.— MÁS.La pelea se resolvió con un trozo de pastel.Alana entró en primer grado de primaria. Ya sabía leer y escribir su nombre, gracias a Meg, que pasaba tardes enteras enseñándole con juegos y dibujos. La adaptación
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