CAPÍTULO 3: EMPALADO EN EL ODIOPUNTO DE VISTA DE SIENNANo lo dudé. Me llevé la cabeza a la boca, pasando la lengua por la punta, saboreando el líquido preseminal salado y almizclado, amargo como nuestra rivalidad.Gimió, un sonido profundo y ronco de triunfo, y sus caderas se sacudieron hacia adelante, forzando que entrara más de sí mismo en mi boca, estirando mi mandíbula hasta el límite.—Más profundo —exigió con voz ronca—. Trágame entero, Sienna. Muéstrame cuánto me odias con esa garganta.Relajé mi garganta, tomándolo centímetro a centímetro, agonizantemente, mis labios estirándose obscenamente para acomodar su grosor, la saliva acumulándose.Lo miré con los ojos llorosos, y la expresión de su rostro era de puro y absoluto triunfo mezclado con odio visceral; debería haberme humillado. Me excitó aún más, mi clítoris palpitaba.—Joder, sí —gruñó, mientras sus caderas comenzaban un lento y rítmico movimiento que rozaba el fondo de mi garganta—. Así mismo. Tómalo todo, perra brilla
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