43. ¿Te gusta la vista?
43. ¿Te gusta la vista?La primera sorpresa fue llegar a Roma; la segunda, encontrarse con una caravana discreta de vehículos negros y seguridad privada. Ningún paparazzi logró acercarse a ellos y, de alguna manera, eso la hizo sentir bien.No quería ser la actriz, solo la mujer que venía a disfrutar de su luna de miel con su esposo. Estaba cansada de los reflectores, de tener toda la atención del público encima.—¿Cuántos días vamos a quedarnos? —preguntó, subiendo al auto. Nathan protegió su cabeza, cubriendo el techo del auto.Ella se desplazó en el asiento y a su lado, Nathan se acomodó, entrelazó sus dedos y la miró fijamente a los ojos.—No serán muchos, pero los necesarios para que podamos disfrutarlos en privado.Layla no preguntó más, decidió dejarse llevar por Nathan. Si quería sorprenderla, ella dejaría que lo hiciera.Se hospedaron en la suite presidencial; la terraza del hotel parecía suspendida sobre Roma, bañada por la luz dorada que quedaba del atardecer. Las luces de l
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