Agustín despertó antes que Eva. No supo qué hora era. La habitación del hotel seguía con las cortinas cerradas, apenas una línea clara entrando por un costado. Afuera se escuchaba el ruido lejano de algún auto pasando por la ruta, pero adentro todo estaba quieto. Eva dormía entre sus brazos. No se habían acostado como una pareja. No había pasado nada que pudiera confundirse con eso. Solo se habían quedado ahí, abrazados, porque ella temblaba y porque él no quiso moverse hasta sentir que su respiración empezaba a calmarse. Durante la noche, Agustín le había acariciado el pelo muchas veces, despacio, sin decir demasiado, como si cada movimiento pudiera recordarle que no estaba sola, que nadie iba a tocarla, que nadie iba a obligarla a nada. Eva se había quedado dormida tarde. Con una mano apretada contra su camisa y la mejilla apoyada sobre su pecho. Agustín bajó la mirada. El cabello rojizo de ella estaba desordenado sobre su brazo. Tenía la cara cansada, la piel pálida y una
Leer más