Ante sus palabras, Santiago frunció el ceño. Su apuesto rostro se endureció mientras hablaba con el tono severo de un adulto reprimiendo a un menor.—¿Te faltan mujeres en la vida? Sigue acostándote con cualquiera y terminarás contagiándote de algo.—No exageres —respondió Julian encogiéndose de hombros—. Sé perfectamente dónde están mis límites. Además, a todos los hombres les gusta ese tipo de cosas. Mis amigos son mucho peores que yo. Una noche, ellos——Basta.Santiago lo interrumpió con brusquedad, claramente sin intención de permitir que una sola palabra más de esa basura llegara a sus oídos.Julian se dio una palmada ligera en la boca, fingiendo arrepentimiento, y luego sonrió.—Está bien, está bien. Pero, tío, de verdad me gusta esa chica. Solo dámela, ¿sí? Si no, no voy a poder ni comer ni dormir.De pie a un lado, Rhys no podía evitar preguntarse de qué empleada estaba hablando Julian.Pero antes de que pudiera averigu
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