Mundo ficciónIniciar sesiónSantiago mantuvo una compostura impecable.
—Está en mi habitación. Toma lo que necesites.
—Okay, gracias.
Leticia se dio la vuelta y subió las escaleras.
Santiago no apartó la mirada. Sus ojos permanecieron fijos en esa dirección, mientras sus dedos golpeaban suavemente el apoyabrazos del sofá: lento, irregular, inquieto.
Rhys volvió a acercarse, claramente esperando reconocimiento.
—Entonces... jefe, ¿cuándo piensa darme ese aumento?
Santiago







