Santiago observó su rostro pálido, tan pálido que parecía casi transparente, y algo en su pecho se retorció violentamente.—Lo siento —dijo en voz baja—. Llegué tarde.Leticia apretó los labios, obligándose a sonar firme.—No necesito tus disculpas. Yo...De repente, su visión se volvió borrosa.Todo se oscureció.Su cuerpo se inclinó hacia atrás.—¡Lettie! —Marie corrió hacia ella para sostenerla.Pero antes de que pudiera alcanzarla, alguien ya la había atrapado.Santiago sujetó a Leticia y la atrajo hacia sus brazos.Su agarre era firme, pero increíblemente cuidadoso, como si sostuviera algo tan frágil que pudiera romperse con la más mínima fuerza. Una mano sostenía su cintura, manteniéndola completamente estable.
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