De regreso en casa, Nina seguía despierta, esperando con ilusión.—Mamá, ¿dónde está papá?Ellen sonrió impotente mientras la abrazaba.—Tontita, ese es el tío Michael, no tu papá. Ven, te contaré un cuento.Pero Nina hizo un pequeño puchero.—Pero papá… digo, el tío dijo que hoy iba a jugar conmigo.El ama de llaves intervino sonriendo:—Sí, el señor Benitez trata muy bien a la pequeña señorita. La acompaña a clases, juega con ella y siempre tiene muchísima paciencia.Ellen apretó ligeramente los labios mientras abrazaba más fuerte a su hija.—Muy bien, hora del cuento. ¿Quién quiere escuchar?Nina levantó inmediatamente la mano.—¡Yo! ¡Yo!…Al día siguiente, Ella y Ellen volvieron a encontrarse en el orfanato.Varios estudiantes de noveno y último año estaban preparándose para continuar sus estudios, así que ambas ayudaban a orientarlos sobre qué escuelas elegir.Ella revisó cuidadosamente las listas.—A los niños que tengan capacidad para seguir estudiando debemos darles esa oport
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