Las entradas para la Semana de la Moda de París eran estrictamente limitadas: una por persona.
Orlando había agotado todos sus contactos y aun así no consiguió nada.
Al final, no tuvo más remedio que ir directamente a buscar a Ella.
—Luego te daré una —dijo Ella.
—Cof, cof… —Milo aclaró la garganta mientras la miraba de reojo.
Ella soltó una risa.
—A ti también te daré una después.
Milo quedó satisfecho al instante.
—Milo, Orlando, señorita Hart… ¿van a seguir conversando o piensan jugar una so