—Una niña Moretti necesita ciertas garantías —dijo Emilio, dejando una carpeta delgada sobre la mesa de la sala como si fuera un objeto cotidiano y no una amenaza envuelta en papel—. No estoy aquí para discutir sentimientos, Clara. Estoy aquí para hablar de estructura.Había llegado sin avisar, como solía hacer Regina, aunque con menos interés en fingir cortesía. El conserje lo había dejado subir por costumbre, por apellido, por esa clase de autoridad que algunos hombres ejercían incluso antes de abrir la boca. Leonardo, que había llegado minutos antes para revisar con Clara algunos detalles del hospital, se puso de pie apenas lo vio entrar, con una tensión inmediata que ella reconoció como genuina alarma, no simple incomodidad protocolar.—¿Qué estructura, Emilio? —preguntó Clara, sin tocar la carpeta.—La niña que va a nacer lleva sangre Moretti, aunque no lleve el apellido en los documentos que insistes en mantener así. Eso implica ciertas responsabilidades legales, ciertos derecho
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