---La mañana llegó con un peso extraño, como si el aire mismo supiera algo que Bianca aún no lograba comprender del todo.Bianca permanecía en su habitación completamente vestida, el cabello cuidadosamente arreglado, la mente ya recorriendo su agenda del día. Trabajo. Reuniones. La estructura interminable que usaba para evitar pensar demasiado.Pensar demasiado era peligroso.Siempre la devolvía a cosas que intentaba enterrar.Tomó su bolso, lista para salir, cuando la voz de su padre cortó el silencio de la casa.Bianca se detuvo.Eso, por sí solo, ya era inusual.Él rara vez le hablaba a menos que fuera necesario. Y cuando lo hacía, nunca era casual. Nunca cálido. Siempre como si ella fuera una responsabilidad que se administraba, no una hija a la que se le hablaba.Se giró lentamente.-¿Sí?- preguntó con cuidado.Su padre estaba cerca de la escalera, ya vestido para el día, con una expresión firme e ilegible, como siempre.-Tengo que hablar contigo,- dijo.El estómago de Bianca se
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