—¡Es la voz de Lucca!Luana entró en pánico y empujó a Alessandro con fuerza, intentando soltarse. ¡Aquel hombre, con su propio hijo llamando a la puerta, todavía no retrocedía! ¿Acaso no tenía miedo de ser descubierto? Qué vergüenza sería si los niños vieran esa escena.—Bueno, déjalo... —comenzó a decir Luana.Pero, tan pronto como abrió la boca, Alessandro aprovechó la brecha. Como un huracán, avanzó sin piedad. El cuerpo de Luana flaqueó bajo la intensidad del beso; sin fuerzas, solo se apoyó en él, dejándose llevar por su ritmo.—¿Eh? ¿Por qué no abre la puerta? —gritó Lucca desde afuera—. Mamá, la puerta de la cocina está trabada. ¿Estás ahí dentro?Alessandro sonrió para sus adentros: “Estoy sosteniendo la puerta con todas mis fuerzas, ¿cómo podrías abrirla?”. Sin embargo, en el instante en que se distrajo, Luana, furiosa, le mordió la lengua.Él retrocedió con una mueca de dolor. Luana aprovechó el espacio para empujarlo, lanzándole una mirada que, si pudiera, lo habría fulmin
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