— Qué bien. De todas formas, mamá espera que ustedes consigan evitarlo a toda costa — recordó Luana, con la voz cargada de nerviosismo. Sentía un nudo en el pecho con solo imaginar a sus tres tesoros siendo involucrados en el mundo implacable de Alessandro.— Mamá, no te preocupes, no vamos a ir con él. Además, no es buena persona; es como un animal de sangre fría — dijo Mia, dándose palmaditas convencidas en el propio pecho.Al escuchar eso, Luana casi pisó el freno bruscamente. El pánico la golpeó y sus manos, firmes en el volante un segundo antes, comenzaron a temblar.— Mia, ¿por qué dices eso? ¿Tú... ya lo conociste?¡Dios mío! ¿Será que ya tuvieron contacto directo?, pensó, sintiendo un sudor frío recorrerle la espalda.Mia vaciló por un momento, sintiendo el peso de su propia lengua. Miró hacia abajo, huyendo de la mirada de su madre, y murmuró:— Mamá, no... no te preocupes, él no sabe sobre nuestro... quiero decir, aunque supiera, no iríamos con él. Nos quedaríamos solo a tu
Leer más