La cirugía de Mia duró más de cuatro horas. En cuanto el médico salió, una ola de Luana invadió el lugar.—Doctor, ¿cómo está mi hija?El médico dijo: —Afortunadamente, la niña fue llevada al hospital a tiempo. El coágulo de sangre en la cabeza no era grande y ya lo hemos eliminado.La fractura fue tratada y, con los cuidados adecuados, no deberían surgir problemas mayores.Al escuchar esto, el corazón de Luana, que estaba en suspenso, finalmente se calmó, y respiró aliviada.—Gracias, doctor. Ha trabajado mucho —dijo Luana.—De nada, es lo que debemos hacer.En ese instante, Mia fue sacada de dentro.Su rostro delicado presentaba varias pequeñas escoriaciones, todas tratadas con medicamentos. La más grave era la de la cabeza, que estaba envuelta en una gasa y sangraba. Parecía muy doloroso.Alessandro estaba de pie al lado, con las manos cerradas en puños, el corazón lleno de odio hacia el agresor.Esa persona hizo sufrir tanto a una niña tan pequeña. Si esa niña cae en sus manos, si
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