Mia aún no había despertado.
No era apropiado que todos permanecieran confinados para siempre en aquella pequeña habitación del hospital, así que todos salieron.
Lucca y Matteo ya estaban dormidos, completamente exhaustos.
Luana estaba recostada a su lado, recibiendo una inyección antiinflamatoria, con los ojos fijos en el rostro pálido de Mia, sin atreverse a parpadear.
No se atrevía a cerrar los ojos.
Tenía miedo de que, si los cerraba, Mia desapareciera.
Sin embargo, bajo el efecto de la inye