El edificio del Grupo Miller estaba en silencio esa noche. La mayoría de los empleados ya se habían ido a casa, pero las luces de la oficina de William Miller seguían encendidas. En el interior, la atmósfera se sentía pesada. William estaba sentado detrás de su escritorio, mirando la foto que Annie había dejado. Dos niños pequeños. Un niño y una niña. Mellizos. Su mirada seguía volviendo al rostro del chico. Natán. Los ojos del niño eran agudos y tranquilos, como los suyos. William se reclinó lentamente en su silla, presionando sus dedos contra su sien. "Esto es ridículo", murmuró en voz baja. Pero cuanto más miraba la foto, más incómodo se sentía. ¿Podría ser realmente cierto? ¿Podría Annie haber estado criando a sus hijos durante cinco años sin decírselo? La idea lo irritó. Sin embargo, al mismo tiempo, algo muy dentro de él se negaba a ignorar la posibilidad. Sonó un golpe en la puerta. "Adelante", dijo William. La puerta se abrió y Shawn entró. Se dio cuenta de la fot
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