MAX.Sus dedos terminan el recorrido por mi espalda, su suavidad mata y me deja los músculos como seda, pero la mente en llamas. Victoria es una experta en dar alivio y tortura al mismo tiempo. Se aparta lentamente, rompiendo el contacto que me mantenía anclado al sillón.—Listo —dice ella.Rodea el sofá con la intención de salir del despacho, pero no soy un hombre que se conforme con un "listo" después de haber sentido su aliento en mi nuca. Antes de que pueda dar un paso más, la sujeto del brazo con firmeza y, con un movimiento rápido, tiro de ella. No tiene tiempo de reaccionar; cae directamente en mi regazo, con su falda de tubo subiéndose apenas unos centímetros, revelando la curva de sus muslos.—¿Qué haces, Maximiliano? —pregunta, apoyando sus manos en mis hombros para estabilizarse. Sus ojos verdes están dilatados, reflejando una mezcla de sorpresa y esa excitación que intenta negar.—Pagándote por lo que acabas de hacer —susurro contra su piel.Hundo la cara en la curva de su
Leer más