—¿Pensaste que podrías ocultar su identidad de todos por tanto tiempo? —preguntó Calvin, con su voz cortando el silencio sofocante de la habitación.Elara tragó saliva con dificultad, con la garganta apretada y seca mientras se apartaba violentamente de su agarre. Retrocedió un paso trastabillando, y sus ojos rodaron en sus cuencas mientras las paredes de su habitación parecían cerrarse sobre ella.Su mente se quedó completamente en blanco, un caótico vacío de estática. Estaba temblando de pies a cabeza. Sus instintos le gritaban que pensara, que planeara, que construyera una mentira o un escudo político, pero no surgía absolutamente nada.Calvin se quedó congelado, mirándola desmoronarse. No podía creer lo que veían sus propios ojos. La feroz e intocable hija del Presidente, la mujer que lo había mirado con nada más que puro desdén desde el momento en que regresó, estaba realmente parada frente a él, completamente despojada de su armadura. Todo por un guardia. Todo por Silas.Ni siqu
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