El día del compromiso llegó de la misma forma en que lo hacen todas las cosas inevitables: en silencio, sin dramas, deslizándose a través de la luz de la mañana como si no fuera más que un martes cualquiera.
La Casa Blanca había estado despierta desde antes del amanecer. El personal se movía por los pasillos en flujos organizados, con los brazos llenos de arreglos florales, mantelería y esa clase de pánico suave que solo ocurre cuando un evento ha sido planeado hasta el más mínimo detalle y tod