Se movió a través de su rutina matutina como un hombre poseído, su ira aumentando con cada salpicadura de agua fría contra su rostro. El sueño se sentía como una mancha que no podía lavar. Para cuando llegó a la Casa Blanca, estaba más tenso que la cuerda de un reloj.El comedor ya era un hervidero de energía tensa. El Presidente estaba allí, flanqueado por el Primer Ministro y su hija, Beatrice. Elara estaba sentada frente a ellos, con la postura rígida y los ojos destellando con ese familiar y desafiante dorado.—¡...Podría dejarte organizar algo para madres solteras omega que fueron abandonadas, pero eso es todo! ¡No lleves esa narrativa más lejos, Elara! —La voz del Presidente era un rugido bajo, del tipo que usaba cuando su paciencia finalmente se había evaporado.—Padre, no es una narrativa, es una crisis...—Ya estás aquí, Calvin —anunció el Presidente, cortando a su hija con un gesto tajante. Parecía aliviado de ver a su protegido, desesperado por una distracción de los implac
Leer más