El sol de la mañana se filtró a través de los enormes ventanales de cristal del dormitorio principal. Valentina abrió los ojos, parpadeando contra la dura luz dorada que se derramaba sobre las inmaculadas sábanas blancas. La extensa superficie del colchón *king size* a su lado estaba vacía. La ropa de cama estaba fría al tacto y, sin embargo, el pesado y persistente aroma a sándalo y whisky se aferraba obstinadamente a la tela. Servía como un oscuro y persistente recordatorio del peligroso trato que había cerrado apenas unas horas atrás.Se sentó y se quitó de las piernas el pesado edredón. Le dolían los músculos con una punzada sorda por el violento intento de fuga de la noche anterior, pero su mente estaba notablemente ágil. Ya no era una prisionera esperando aterrorizada al verdugo. Era una combatiente parada firmemente dentro de la arena.Entró en el cavernoso vestidor, pasando de largo los vestidos tímidos y frágiles que había usado durante las últimas semanas. Necesitaba una arm
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