El cielo nocturno sobre la ciudad era de un violeta denso y magullado. A pie de calle, el gran centro de convenciones era un océano violento y cegador de luz blanca.
Miles de paparazzi se agolpaban contra los cordones de terciopelo. Los reporteros gritaban y luchaban por un poco de espacio para respirar. El frío viento otoñal azotaba la alfombra roja, pero el intenso calor que generaba la enorme multitud mantenía el aire espeso y sofocante. La cumbre corporativa mundial era el evento más exclus