—¡Por favor, deme otra oportunidad, señora Melinda! Sé cuánto le gusta la pintura al óleo que le regalé. Sé quién es el autor y he gastado una fortuna en comprar tres de sus obras para entregárselas. Si lo desea, incluso puedo organizar una reunión entre usted y el pintor. Celeste se sintió bastante desconcertada al oír esto. Ella había pintado aquella obra deliberadamente para que Vivien la tomara y participara en el concurso. Nunca imaginó que sería Ivy quien terminaría regalando el cuadro a la señora Melinda. Sin embargo, a los ojos de Celeste, ese intento estaba condenado al fracaso. No creía que Ivy pudiera convencer a la señora Melinda únicamente con unos cuantos óleos, y mucho menos cuando Ivy ni siquiera tenía forma real de conseguir esas pinturas. Aunque no conocía profundamente a la señora Melinda, por lo que había visto de ella, Celeste estaba segura de que era una mujer con principios firmes, imposible de comprar. Pero, para sorpresa de todos, la señora Melinda vaciló a
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