—Eso te lo dijo ella, ¿verdad? —agregó Atreus—. ¿Lo ves? Está intentando ponerte de su lado. ¿Sabes qué fue lo último que me dijo? Que ni se me ocurra volver a la alcoba porque ya no piensa dejarme dormir allí.Nathan no pudo evitar sonreír con cierta diversión.—Pues te lo mereces. ¿No crees que ya es hora de que madures un poco, papá?No había dureza en sus palabras. Al contrario, hablaba con la naturalidad de quien intentaba hacer entrar en razón a alguien muy querido mientras, al mismo tiempo, disfrutaba un poco de la situación. Aquello hizo que incluso Eliseo ocultara una sonrisa mientras seguía ordenando algunos papeles.Atreus chasqueó la lengua con fingido fastidio antes de señalarlo con un dedo.—Escúchame bien. Una vez que termines todo lo que Eliseo tenga que explicarte, tendrás una misión muy importante.—¿Ah, si? ¿Qué misión?—Irás a la habitación de tu madre, hablarás con ella y, por una vez en tu vida, te pondrás de mi lado. Le dirás que yo jamás la engañaría, que deje
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