—Es tuyo —jadeé, rodeando su cintura con las piernas—. Mi coño te pertenece, Alex. Fóllame. Por favor, fóllame.Entonces empezó a moverse: al principio con embestidas lentas y profundas, dejándome sentir cada centímetro mientras salía casi por completo y volvía a hundirse. El sofá crujía debajo de nosotros con cada thrust. Poco a poco su ritmo se aceleró, volviéndose más duro, más posesivo. Una mano rodeó mi garganta —sin apretar fuerte, solo sujetándome con una presión suave mientras me follaba.—Mírame mientras te tomo —gruñó, con los ojos clavados en los míos—. Quiero verte correrte en la polla de tu padrastro.Las palabras me provocaron una nueva oleada de calor. La realidad tabú de lo que estábamos haciendo —yo, abierta de piernas en su sofá del despacho, perdiendo mi virginidad con el marido de mi madre— solo hacía que todo fuera más intenso. Mis gemidos se volvieron más fuertes, más desesperados, mientras su polla golpeaba ese punto perfecto dentro de mí con cada embestida.Cua
Leer más